sábado, 22 de noviembre de 2008

la ética de nuestro tiempo

¿Qué tan cuestionables son los valores éticos actuales? Es sitio comùn en la actualidad hablar de la pèrdida de valores, pero en mi opinión no es tanto una pérdida, sino la falta de un replanteamiento serio sobre dónde estamos asentados. Plantear lo otro sería añorar irreflexivamente lo que sucedió antes, por simple melancolía, por ese "los tiempos anteriores siempre fueron mejores".
Es como cuando las generaciones más grandes a las de la juventud actual critican a las nuestras porque en otros tiempos las cosas "se hacían distintas", apelando a valores más tradicionales. Un choque generacional, por decirlo asì.
No. Mi propuesta reflexiva es ante todo sobre qué postura tenemos ante nuestros valores culturales, si somos capaces y en qué medida de tomar una distancia crítica ante ellos, y así renovarlos. Las tradiciones culturales se renuevan a partir de las posturas críticas que tomemos ante ellas, es decir, sobre cómo se renueva lo que nos dicen esas tradiciones en tanto que nosostros mismos les hacemos aportaciones (y antes, nos las apropiamos).
La cuestión con los valores éticos (con su aparente desparición) es consecuencia precisamente de que no se actualizan las tradiciones culturales. Por esa misma razón no tenemos la competencia para defender nuestros valores reflexivamente, y en la mayoría de ocasiones ni siquiera los entendemos (o tampoco nos los hemos apropiado).
Mi preocupación no es gratuita: los valores son referentes para la acción, y ultimadamente, son lo que le da sentido a lo que hacemos (y a lo que queremos hacer). Basta con ver a la juventud actual, que sencillamente no tiene preocupaciones serias sobre lo que ocurre en el mundo, o sobre qué quiere en la vida. El problema no es que utilicen drogas de todos tipos, la promiscuidad, el consumo, el sexo sin protección, las trasnochadas, etc., sino que lo hagan irreflexivamente, como si el presente no fuese a acabar.
Debemos pensar en nuestro futuro, digo, pragmáticamente, pues pocos son los que tiene resuelta la vida. Entonces, la importacia de hacer reflexiva qué vida queremos es esencial en tèrminos de acción y proyecto de vida.
Pero esto no es propiamente lo que nos ocupa en esta reflexión, sino sencillamente nuestra postura ante las tradiciones culturales. Las costumbres, por ejemplo, en el mejor de los casos son parte de nuestro folklore, que repetimos a través de rituales organizados alrededor de fechas establecidas (como el grito de independencia, o el 14 de febrero), pero sin reflexionar minimamente el por qué lo hacemos (lo cual genera, entre otras cosas, un enorme consumo, situación que es aprovechada por la industria cultural), pero senciallamente no los entendemos y reproducimos una y otra vez las mismas práticas, sin entender si quiera desde una perspectiva subjetiva por qué lo hacemos.
Entonces, surge una pregunta inmediata: ¿qué tipo de relación tenemos con el mundo, con nuestro grupo social, con la sociedad? En las sociedades arcaicas la relaicón era más simple, pues presuponía que la visión del mundo englobaba a todo lo demás (visión que, cabe decir, era religiosa). Además, como Lévi-Strauss o Mauss lo han manifestado, el sistema primordial de comunicación social era el sistema de parentesco, que originaba relaciones sociales no tan complejas (inscritas en lo que Durkheim denominaba conciencia colectiva). Entonces, la cultura practicamente no tenía cambios en tanto que el sistema de parentesco creaba una adhesión muy fuerte al grupo social, pues las relaicones de todo tipo se circunscribían a éste, por un lado, y por el otro la visión del mundo permanecía estática en tanto que por esto que acaba de mencionarse era impensable imaginar identidades individuales (que eran absorbidas casi en su totalidad por el grupo de pertenencia).
Esto cambia en la Modernidad, donde surge el individuo en tanto que detentador de derechos y libertades (como persona privada, como ciudadano), y además epistemológicamente se da un vuelco (desde la ciencia moderna, y sobre todo a partir del Humanismo) a una cosmovisión diferente centrada en el Hombre y su capacidad ilimitada de progreso.
La moralidad igualmente se transforma, sobre todo encarnada en los Derechos Humanos. pero lo más importante es el proceso denominado por Habermas descentración de las imagenes del mundo, en el que los grupos sociales y sus miembros dan cuenta de que no existe una visión única del mundo, así como que los valores de estas visiones son axiológicamente equivalentes (en cuanto a que no son mejores, más bellos o más justos). Es la conocida sentencia (no recuerdo en este momento de quién) de que en la Modernidad la ciencia demostró que lo verdadero no es precisamente bello ni justo, y que puede ser lo contrario, por lo cual una perspectiva no es mejor que las demás, sino simplemebnte una entre muchas. Es lo que da cuenta Weber al hablar del politeísmo de valores.
Entonces, regresando a la pregunta, la relación no puede encasillarse en un tipo, sino que precisamente la libertad de los modernos estriba en poder llevar a cabo relaicones de distinta índole con el mundo, con los demás, con la naturaleza. pero lo preocupante es que al no hacerse reflexiva esta postura ante el mundo, se relativiza. Entonces tiene la misma validez el meterse una tacha, asistir a una misa o tener muchas parejas sexuales al mismo tiempo. Pues al haber distintas perspectivas de lo qué es el mundo, pueden ocurrir dos cosas: o sucede lo que se puede apreciar con el consumo, que la industria cultural nos dice qué y cómo consumir (ya sea relativizando valores, o imponiendo visiones sobre qué debe ser el individuo en sociedad), o nuestra relación con los demás se vuelve pragmática, y terminamos en el temor moral de Kant en que vemos a los demás como medios, y no como fines en sí mismos.
Apelo a que podemos reflexionar sencillamente qué futuro queremos, y cómo podemos conseguirlo. Planteo que una reflexión en torno a los valores éticos es muy necesaria en nuestra época, y que de ello depende en que poco a poco, como generaciones, tengamos una perspectiva reflexiva también hacia las tradiciones culturales, y se pueda partir de ello para lograr un mejor mundo, sobre todo contestando a quienes aseguran que nuestras generaciones ya no tienen valores (casi casi como la metáfora de la primera Escuela de Frankfurt, como si estuvieramos en el hotel a la orilla del precipicio).